La asociación de los anticuerpos anti-nucleosomas con el lupus eritematoso sistémico (LES) fue descrita en 1957. Para ese entonces se les conocía como el factor de las células LE.

Pero fue en 1995 cuando se demostró que los nucleosomas actúan como autoantígenos en las enfermedades autoinmunes sistémicas.

Los anticuerpos anti-nucleosomas muestran, en pacientes con LES, una sensibilidad de 62-84% y una especificidad hasta del 97.6%; investigadores estiman que del 16 al 65% de los pacientes lúpicos seronegativos para anti-ADNdc, anti-Sm y anti-histonas, presentan estos anticuerpos. Además, sus niveles están asociados con la actividad de la enfermedad determinada por el SLEDAI.

Los anticuerpos anti-nucleosomas, también conocidos como anti-cromatina, pueden ser detectados en fase más temprana que los anti-ADNdc. Además son útiles para evaluar el lupus inducido por drogas por ser más sensibles y específicos que los anticuerpos anti-histonas.

Los nucleosomas están constituídos por un octámero de histonas (cuatro homodímeros H2A, H2B, H3 y H4) alrededor de cual se enlazan 146 pb de ADN. La conformación de los nucleosomas es indispensable para la compactación del ADN en el núcleo. Su modificación durante la apoptosis de las células, altera su estructura antigénica permitiéndoles romper la tolerancia inmunológica.

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